


Hace ya dos años que llegaste a ocupar ese espacio en la Casa de la Cultura de La Línea.
Desde entonces, el tiempo ha seguido avanzando.
Han pasado meses en silencio, días en los que has recibido visitas curiosas, jornadas en las que te has convertido en escenario de actividades, y otros momentos en los que simplemente subimos a verte… a detenernos un instante frente a ti y recordar todo lo que hubo detrás hasta llegar aquí.
Recordar el esfuerzo. Las horas infinitas. Los obstáculos. Todo lo que aprendimos en el proceso. Todo lo que fuimos capaces de construir cuando parecía imposible.
Quizá no conseguimos que te convirtieras en el símbolo que soñábamos para nuestra ciudad. Pero sigues representando algo mucho más grande para quienes formamos parte de esta historia.
Eres la prueba de que incluso aquello que parece imposible puede hacerse realidad cuando hay personas que creen profundamente en lo que hacen.
Aunque a veces parezca que el tiempo te ha ido dejando en un segundo plano, nosotras seguimos mirándote y viendo mucho más que un esqueleto.
Vemos un proyecto que nos hizo crecer. Vemos todo lo que fuimos capaces de hacer. Y eso, años después, sigue siendo motivo de orgullo.
Gracias a todas las personas que hicieron posible esta locura.
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